Se inicia el nuevo curso político en unas dinámicas muy distintas de cómo se presentaron los últimos meses del anterior, antes del cambio de Gobierno Central. Los grandes sindicatos han decidido confiar en el PSOE regalándole tiempo y un acuerdo con la patronal que neutraliza la movilización general durante unos meses. Unidos Podemos ha caído en el mismo error, aupando al PSOE y asumiendo un rol de muleta del gobierno, que repercute negativamente en el nivel de movilización en las calles.

Mientras, el debate público se orienta hacia cuestiones accesorias como las titulaciones de los políticos a costa del desprestigio de la Universidad Pública y hacia cuestiones más relevantes, como son Cataluña y la memoria histórica, con la exhumación de los restos de Franco. En Cataluña para alentar el nacionalismo español en Madrid, que justifique el giro reaccionario de la burguesía y la represión contra quienes planteen no ya una salida revolucionaria, sino contra el cuestionamiento del orden de dominación en nuestro país. El debate sobre la exhumación de Franco del mausoleo fascista del Valle de los Caídos ha servido para apuntalar la versión de la responsabilidad de los “bandos” en nuestra Guerra Nacional Revolucionaria y dar altavoz mediático al fascismo. Nos adentramos en un terreno peligroso en el que pueda arraigar el crecimiento del fascismo en España, pues mientras unos tratan de enarbolar en clave populista los sentimientos del pueblo, otros siguen perdidos en políticas identitarias, relegando a un segundo o tercer plano las necesidades y demandas de la clase obrera.

En Madrid el Gobierno regional ha superado la crisis por la dimisión de Cifuentes y continua con su programa estratégico, apoyado por Ciudadanos, del que se esperan fuegos de artificio para configurar un perfil propio de cara a las próximas citas electorales. Mientras, el PSOE se verá en la tesitura de exigir al Gobierno autonómico medidas que no tomará desde el Gobierno central y PODEMOS enfrentará su papel de cómplice necesario del PSOE con algunas medidas que puedan vender a sus votantes.

Del Ayuntamiento de Madrid podemos seguir esperando una política de gestos que en lo fundamental no supongan ningún cambio para nuestro pueblo, al tiempo que la anunciada candidatura de Manuela Carmena a la alcaldía, sin primarias al uso, desate la guerra entre los actores de Ahora Madrid, donde cada uno querrá tener el mayor peso posible en lo que confían puede ser el siguiente gobierno municipal.

Frente al juego político, en el peor de los sentidos, de unos y otros, la realidad es dramática, sin perspectiva de mejora, pues sobre la economía se ciernen nubarrones negros que anuncian una futura crisis.

Lo primero es denunciar que este sistema mata. De forma indirecta, las condiciones de explotación y precariedad, las expectativas de vida frustradas por la dura realidad llevaron en 2017 a 311 personas a quitarse la vida en nuestra región. Las condiciones laborales actuales han elevado dramáticamente la siniestralidad laboral, con 54 vidas segadas en lo que va de año. Estas vidas humanas, ya irrecuperables, no pueden ser silenciadas, ni asumidas como algo normal. Antes de que el sistema acabe con nosotros, debemos plantarle cara, mejorando los servicios públicos a todos los niveles para mejorar las condiciones de vida, derogando las reformas laborales que han permitido extender la precariedad y el aumento de la explotación y la penetración de formas de contratación que liquidan las medidas de prevención de riesgos laborales. La disyuntiva es entre sus beneficios o nuestras vidas.

Histórico día el 31 de agosto por acumular más despidos que ningún otro, incrementando el paro en un 1,26%, es decir, negando a 350.000 madrileños la posibilidad de trabajar, mientras los empresarios se aprovechan de los que sí trabajan, con casi 7 millones de horas extras, de las cuáles la mitad no se pagan. Luchemos en los convenios contra las horas extras, mientras que hacemos lo propio por incrementar el salario, haciendo innecesario trabajar larguísimas jornadas para llegar a fin de mes.

Debemos también luchar en los centros de trabajo por unas pensiones dignas, aportando toda la fuerza del movimiento obrero en activo a aquellos que ya no pueden ir a la huelga para defender sus reivindicaciones. Si hay dinero para subir el salario a Policía y Guardia Civil, premiando su labor necesaria para defender los intereses de la patronal, no hay excusas para no subir las pensiones y permitir su revalorización automática con el coste de la vida.

Los datos no mienten, las empresas incrementan sus beneficios a costa de la clase obrera, que dispone de hasta 500€ menos para gastar que hace dos años, mientras la vida se encarece. Agua, luz, gas, basura… gastos imprescindibles en los hogares han incrementado hasta un 35% desde el inicio de la crisis, mientras que el IPC general, todo eso que también necesitamos comprar para vivir, también se ha elevado en un 8,5%, por lo que la ecuación resultante es que la pobreza a secas, sin apellidos que la suavicen, se extiende por nuestros barrios y calles, afectando a 1 de cada 5 madrileños. La pobreza se concentra en los barrios del sur de Madrid y en todo el sureste metropolitano, zonas donde los servicios públicos son absolutamente insuficientes.

Más allá de arrojar unas cifras de una realidad que sufrimos cada día, nuevamente aparece el puesto de trabajo como el primer escenario de la reversión de la pobreza, allí donde se demuestra que el sistema capitalista y las necesidades de la patronal, son incompatibles con una vida digna para la clase obrera. Luchar como la clase por la derogación de las reformas laborales, por mejoras reales en el marco de la negociación colectiva, como sector en las peleas por un convenio digno, en las empresas por mejoras específicas sobre el convenio. Como clase y como pueblo unido en la lucha contra el cierre de empresas y la desindustrialización de nuestra región, que arranca puestos de trabajo aun con condiciones más estables para imponernos trabajos temporales, más horas y peores salarios, en el sector servicios. Ningún programa electoral de Unidos Podemos, PSOE, Ciudadanos o el Partido Popular va a solucionar este problema, esta contradicción entre la burguesía y la clase obrera que debemos resolver por nuestras propias fuerzas.

La sanidad pública madrileña está gravemente enferma, 400.000 en lista de espera para ver al especialista, 64 días para una operación quirúrgica, saturación en las urgencias de nuestros hospitales, falta de pediatras en la atención primaria… y mientras empeoran conscientemente el sistema público, los monopolios sanitarios como Quirón, Vithas o Madrid Hospitales hacen su agosto, facturando casi 40.000 millones de euros en España. Los trabajadores de la sanidad encadenan contratos temporales, acumulan guardias y sufren ritmos de trabajo extenuantes.

La educación pública tampoco aprueba, 15.000 estudiantes han empezado el curso con los centros en obras, masificación en las aulas, falta de recursos materiales, profesorado que se incorpora tarde a los centros, con más horas lectivas de las que debiera y con un alto grado de rotación. La LOMCE, el bilingüismo, la frustrada LEMES… tienen como objetivo ofrecer a los hijos e hijas de la clase obrera un sistema de beneficiencia, promocionando la oferta público-privada para formar a los futuros cuadros técnicos del sistema y a los hijos de la patronal.

El transporte público no cubre las necesidades de nuestro pueblo. El Cercanías acumula incidencias a diario, el metro retraso y vagones donde no cabe un alfiler, los tiempos de frecuencia de los autobuses son insuficientes, provocando largas esperas y saturación de los mismos en hora punta. El conflicto de los VTC y el sector del taxi continua latente, en el que los monopolios tratan de ganar para sí un nicho de mercado a costa de cambiar a una mayoría de autónomos del taxi por trabajadores para VTC con condiciones de trabajo precarizadas. Mientras, proliferan en las ciudades vehículos compartidos de alquiler sin conductor que en lugar de ofrecerse como alternativa pública de transporte, se cede a la explotación del capital privado.

Las nóminas no permiten ya en muchos casos pagar no ya la hipoteca, sino tampoco el alquiler incrementándose en un 35% el precio de la vivienda en la Comunidad de Madrid, gasto al que las familias deben destinar una media del 40% de los ingresos. Estos incrementos atraen de nuevo la inversión de los monopolios en el sector inmobiliario, lo que unido al incremento del turismo en Madrid en el formato de alquiler vacacional está acelerando el proceso de gentrificación del centro de la ciudad, pero también de los barrios colindantes con la M-30, lo que acaba repercutiendo también en el incremento del precio de la vivienda en los municipios periféricos. Medidas como la APR en Madrid Capital que buscan embellecer el centro para los turistas y los pocos que se pueden permitir seguir viviendo allí o las tibias medidas municipales para frenar los efectos más nocivos de la turistificación, no van a conseguir detener al capital en su intento de extracción de plusvalía de lo que para ellos es la mercancía vivienda.

Lejos de intentar acabar con esta nueva fase de especulación inmobiliaria, Ministerio de Fomento y Ayuntamiento de Madrid, con la aquiescencia de la Comunidad, se han puesto de acuerdo para ofrecer en bandeja un pelotazo urbanístico a BBVA y la constructora San José, en lo que han dado en llamar Madrid Nuevo Norte, 2 millones de metros cuadrados para un centro financiero y un nuevo desarrollo urbanístico que la ciudad no necesita. No es el único que preparan, pues el Ministerio de Fomento prepara otra en el entorno de Barajas que multiplica por cuatro los terrenos afectados en la Operación Nuevo Norte, con el mismo objetivo de crear nuevos barrios residenciales y otro centro logístico-financiero, con sus respectivas zonas de ocio, la Airport City. Frente a su especulación, debemos movilizarnos para evitar poner fondos públicos al servicio del capital privado y un modelo de desarrollo que obvia las necesidades reales del pueblo trabajador.

Ante esta situación nuestro pueblo responde, no ha dejado de luchar nunca y eso la burguesía lo sabe, ante lo cual impulsó la Ley Mordaza y la reforma del código penal para prepararse ante el eventual crecimiento de la lucha de masas. La represión en Cataluña ha ido acompañada de un cierto respaldo entre el pueblo trabajador de Madrid que no defiende las ideas independentistas. Esa represión que alcanzó cotas muy violentas el 1 de octubre, se dirige hoy contra una parte del pueblo catalán y algunos de sus representantes políticos, pero se ha utilizado también contra luchadores como Alfon o los dos de La Rioja, por la Huelga General del 14N, para perseguir a sindicalistas por parte de la fiscalía como los compañeros de CocaCola, Airbus y ahora Amazon, para perseguir la opinión de artistas como los titiriteros, Cesar Strawberry o Willy Toledo y para perseguir incluso opiniones expresadas en redes sociales por usuarios anónimos. Esta represión es injustificable para cualquiera de los casos y anticipa la actuación del aparato jurídico-policial del Estado el día de mañana ante una clase obrera con mayores niveles de combatividad.

En la otra cara de la moneda tenemos la permisividad con la que a la reacción se le deja amenazar y defender el fascismo en los medios de comunicación y en sus redes sociales o cómo se permite que el HSM vaya ocupando edificios en Madrid, sin ningún cargo presentado hasta ahora contra ellos.

La lucha de la clase obrera y el pueblo a día de hoy es aun en claves defensivas frente a las medidas que nos quieren imponer, con un carácter reactivo, y además luchando en conflictos parciales y atomizados. Existe hoy aun en amplios sectores del pueblo trabajador la esperanza de solucionar nuestros problemas votando a alguna de las opciones políticas que se ofrecen para gestionar el capitalismo. Sin embargo, ninguna de estas opciones está en condiciones de gobernar en interés de la mayoría, porque el poder no está en el Parlamento sino que lo ostenta la patronal y sus propios órganos de gobierno, no elegidos democráticamente.

Desde el Partido Comunista asumimos la responsabilidad de encabezar todas las luchas que hoy está dando la clase obrera, con la voluntad de integrarlas, de elevar el nivel de combatividad de las mismas, con la necesidad de organizar victorias en cada uno de estos conflictos abiertos. Porque necesitamos de toda la fuerza con la que la clase obrera pone el país en pie cada mañana, para comenzar a mejorar nuestras condiciones de vida y disputarle el poder a la burguesía. Únete a la ofensiva. Tenemos todo por ganar.