Ante la celebración del World Pride Madrid: nuestro orgullo también es de clase

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En torno al aniversario de las protestas espontáneas que comenzaron en 1969, tras numerosas redadas homófobas y tránsfobas en Stonewall, el día 28 de junio se ha ido consolidando consolidando como un día de lucha por la igualdad de todas las personas.

Se han ido produciendo importantes avances en la materia, sin embargo, un sistema en crisis tiende a la reacción en todos los ámbitos. Solo en Madrid durante el 2016 se han registrado 239 agresiones homófobas y tránsfobas. Las cifras conocidas al respecto representan no obstante, y desde una óptica optimista, tan sólo el 30% de dichas agresiones, ya que la tasa de denuncias ante este tipo de hechos sigue siendo aun muy reducida. Existen casos especialmente punzantes, como son la educación religiosa sostenida con fondos públicos en muchos centros concertados de nuestra Comunidad o la permisividad con el discurso reaccionario de organizaciones como Hazte Oír, y finalmente la pasividad ante el fascismo como sucede ante las agresiones del Hogar Social Madrid.

Frente a nuestra lucha diaria contra los prejuicios y las posiciones reaccionarias, la celebración del 28 de junio se ha convertido en una macrofiesta, el World Pride Madrid,que tiene todo de negocio vinculado al ocio principalmente nocturno y muy poco de reivindicación de derechos. Comunidad y Ayuntamiento, tanto bajo el anterior ejecutivo del PP como en el actual de Ahora Madrid, han formado bloque con el capital del ocio gay, acentuado en este 2017 al convertirse Madrid en la capital mundial del orgullo.

Al igual que en muchas fiestas de barrio, no hay espacio para las organizaciones populares que luchan en el día a día. No asistimos a una fiesta popular, sino la sobreexplotación de un barrio con precios abusivos y que indirectamente termina fortaleciendo la idea de Chueca como ghetto gay.

Debemos combatir todos los elementos ideológicos que buscan enfrentarnos y dividirnos como clase. La lucha contra todo tipo de discriminación debe abrirse paso en las calles de nuestros barrios, en los centros de estudio y en los centros de trabajo, donde la discriminación hacia compañeros y compañeras se materializa en vejaciones, acoso y despidos. Pero tenemos que ser conscientes de que solo en el marco de una sociedad libre de explotación podremos sentar las bases para construir una verdadera igualdad que vaya haciendo pasar a la historia esta discriminación.

En el bombardeo mediático sobre el World Pride Madrid el discurso predominante niega las problemáticas que debe enfrentar cualquier trabajador o trabajadora, que no son los mismos que los de un empresario. No lo son porque el elemento de clase sigue estando presente en nuestro día a día, y por tanto en nuestra lucha también.

Como trabajadores sufrimos los desahucios, el paro, los brutales ataques a nuestros salarios y condiciones laborales, los recortes a nuestros derechos y al acceso a los servicios básicos, así como a la posibilidad de disfrutar de una educación pública, laica, gratuita y de calidad.

Nuestros derechos no son concesiones, ni tampoco son perpetuos. Dependen de la coyuntura, de las necesidades del bloque oligárquico-burgués para mantener su poder y de la correlación de fuerzas en la lucha. Por eso, nuestro orgullo es de clase. La lucha contra toda forma de opresión y discriminación la debemos dar el conjunto de la clase obrera y los sectores populares en cada barrio, en cada centro de trabajo y de estudios, acorralando las posiciones reaccionarias que surgen de la ideología dominante. 

Debemos recuperar el orgullo para la clase obrera y los sectores populares, arrancarlo de manos de instituciones y capital.

Que ninguna discriminación consiga dividir a la clase obrera.

Por un país para la clase obrera