4 años de conflicto, una lucha para la historia

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Desde que en enero de 2014 Coca-Cola desencadenase su plan de reestructuración de sus embotelladoras en España, con la firma del nuevo convenio aun caliente, los espartanos y espartanas de CocaCola han levantado la bandera roja de la lucha obrera bien alto, con la dignidad de quien sabe la razón de su parte, con la fuerza de ser quiénes realmente generamos la riqueza en las fábricas, aunque los Marcos de Quinto y las Sol Daurella se apropien de los beneficios.

La lucha obrera desde la empresa -donde se desarrolla la contradicción capital-trabajo que enfrenta el interés del patrón con el de los trabajadores- se impone de nuevo como el mejor y más eficaz método para enfrentarnos a la burguesía, en unos tiempos en los que predominan otras formas de lucha donde el componente obrero, la organización sindical y la representación de los trabajadores, aparecen diluidos en mareas, marchas o plataformas y donde desde planteamientos aparentemente novedosos, se llega incluso cuestionar la propia existencia de la clase obrera en España.

La plantilla de Fuenlabrada ha sembrado en estos años unidad obrera, una semilla que ha germinado en el reconocimiento hacia los espartanos y espartanas del conjunto del pueblo. Su apoyo incondicional a cada empresa donde los trabajadores se levantan contra la patronal, su compromiso con las reivindicaciones generales como la defensa de las pensiones o la lucha por la liberación de la mujer trabajadora, son pasos en el camino para elevar la lucha sindical -la lucha por mejoras y reformas inmediatas- a un plano superior, a la lucha del conjunto de la clase obrera contra la patronal, contra la burguesía. En último término, la lucha es entre dos modelos opuestos e irreconciliables: su sistema de explotación y dominación sobre el pueblo trabajador o un país para la clase obrera, donde quienes todo lo producimos, todo lo decidamos.

Dos han sido las últimas victorias, concesiones arrancadas a base de lucha, que la empresa se ve obligada a conceder para evitar nuevos reveses judiciales. La primera es el reconocimiento de los salarios adeudados por la empresa desde la readmisión. La segunda, la retirada del recurso empresarial ante el TSJM ante la nulidad judicial de la modificación de las condiciones de trabajo utilizando el Art. 41 del Estatuto de los Trabajadores.

Un pequeño revés, no por esperado, se ha producido en el Tribunal Constitucional, quien ha dado por válido la readmisión en el esperpéntico Centro de Operaciones Industriales y Logísticas en lugar de en un centro industrial, como debería ser para cumplir con la nulidad del ERE. La justicia tiene carácter de clase, y Coca-Cola ha movilizado todo su poder para no enfrentarse a una derrota sin paliativos, modificando e incumpliendo sentencias judiciales a su antojo. La movilización continúa en Fuenlabrada hasta recuperar la producción, pero la siguiente cita judicial será en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, confiando en que la lucha obrera incline la balanza a favor de la dignidad espartana.

La lucha obrera en Coca-Cola forma parte ya del patrimonio histórico del movimiento obrero junto a otros hitos como la Huelga Minera de 2012, los 187 días de acampada de Sintel en la Castellana, la lucha en Naval Gijón en el 2000 o la Huelga General de 1988 que paralizó España entera. Con vuestro ejemplo, nos lanzamos a por la siguiente batalla. Con toda la fuerza del #MadridCapitaldeLucha que os apoya, llegaremos hasta Estrasburgo para defender la fábrica de Fuenlabrada donde además de vuestros puestos de trabajo, está en juego el futuro de todo el pueblo trabajador.

¡Viva la lucha de la clase obrera! ¡Hasta la victoria en Coca-Cola!

PCPE Madrid