Por estos días, el año 1972, la policía disparó contra una protesta por un convenio justo para Bazán y contra el despido de 6 compañeros. 16 heridos, 60 encarcelados. Daniel y Amador, obreros, caían muertos. Ellos caían defendiendo los derechos de su, de  nuestra, clase social. Derechos  que hoy, 44 años después, están siéndonos arrebatados.

La lucha de clases está tan viva cómo en aquellos tiempos, pero es a lo mejor aún más encarnizada. La crisis económica es la crisis de un sistema entero.

Todos los derechos están en entredicho. La pobreza se apodera de nuestros hogares. La nueva dictadura del capital se muestra en toda su podredumbre, en toda su cínica cara.

La burguesía  está unida por su naturaleza explotadora y antiobrera, aunque enfrentada entre sí por la competencia desesperada. Sus instituciones, como la UE, liquidan todos y cada uno de los derechos conquistados por nosotros, en la desesperada y cada vez más inútil pugna por acrecentar su tasa de beneficio. Y sólo puede lograrlo intensificando y recrudeciendo los niveles de explotación.

Como no unirnos nosotros contra su poder?

Mayores ritmos de producción, jornadas agotadoras, menores salarios, contrataciones esclavistas, condiciones de trabajo en pleno deterioro, liquidación del convenio colectivo, “personalización” de la negociación de las condiciones laborales, EREs…

La burguesía embiste contra todos los derechos, y como en aquel tardofranquismo, contra el derecho democrático más elemental, el derecho de huelga.

A todo esto se suma la liquidación de los servicios públicos, el acelerado desmantelamiento y privatización de todo cuanto es público y así debe de ser porque es imprescindible para la vida: la salud, la educación, el transporte, el agua…

Entre tanto, el fantástico desarrollo de las tecnologías y las ciencias suministra nuevas riquezas que deberían y podrían estar asegurando a toda la humanidad una vida de salud y equilibrio entre el trabajo y el descanso, el ocio y la cultura.

Pero las reglas capitalistas no permiten que el capital (fruto del robo de una parte del producido por cada trabajador) retorne a quien lo creó. Toda la riqueza permanece en las manos de quien nos explota.

Pueden vendernos falsas soluciones “políticas”, cuentos que ni los niños creerían, acerca de la redistribución de la riqueza. No va a haber tal cosa en el capitalismo de hoy en día. Un capitalismo envejecido y decrépito, incapaz de sembrar,  ávido de robar siempre más de nosotros. Creador de guerras. Ahí está la OTAN a la que vergonzosamente aún pertenecemos.

El poder económico y político tendrá que cambiar de manos, la clase social en el poder debe ser la que crea la riqueza, no quien la vampiriza, incluso a precio de fomentar guerras, migraciones masivas, terrorismo y desastres naturales. Y ese cambio sólo puede venir de la fuerza que nos da la unidad y la lucha.

Nuestro homenaje a Daniel y Amador no puede ser otro que luchar por lo que ellos lucharon.

Luchar para que el potencial creador y productor de los seres humanos, que es enorme, se oriente a que todos y todas podamos trabajar, y quien trabaja disfrute plenamente del fruto de su esfuerzo y acceda a la salud, al descanso, a la alegría de ver crecer y aprender a los hijos y de poder proteger a los ancianos. De poder vivir y morir en paz en la tierra en la que nació. Eso sólo es posible lograrlo construyendo el socialismo-comunismo. Esa es la victoria que tenemos que preparar.

No hay salvadores supremos, como dice la letra de la Internacional. Tampoco hay soluciones a medias. Unirnos, organizarnos y luchar por la justicia hasta vencer es el único futuro digno que tenemos hoy por delante.

Comunistas da Galiza-PCPE