El sistema capitalista ha conseguido salir de la grave crisis iniciada en 2008. Lo ha hecho presionando nuestros derechos y salarios a la baja mediante las diferentes reformas laborales y de las pensiones, el miedo al paro y la represión patronal. La burguesía nos ha empobrecido para poder seguir acumulando capital. Hoy los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. La baja capacidad combativa de la clase obrera durante estos años, consecuencia en parte, de la derrota temporal del campo socialista, ha permitido a la burguesía salir de su crisis haciéndonosla pagar a nosotros.

El capitalismo ha aumentado brutalmente la explotación de la clase obrera en los últimos años. La relación entre aquello que producimos y aquello que obtenemos (directamente – salario – o indirectamente – servicios sociales) se ha ensanchado. Todo aquello que nos han dejado de devolver por nuestro trabajo se ha convertido en beneficio empresarial. Debido a ello, el pueblo catalán sufre. Centenares de miles de familias cuentan los céntimos que gastan para poder llegar a final de mes. Millones de trabajadores se levantan cada mañana con el miedo al despido sin prácticamente indemnización. Cada mes se realizan millones de horas extras no remuneradas para contentar a la patronal. Son millones los y las catalanas con contratos temporales de días o, incluso, de horas, muchas veces en fraude de ley o como falsos autónomos, cosa que comporta a centenares de miles de personas una escasa o dificultosa planificación de su futuro vital. Los precios no paran de aumentar, especialmente los de la vivienda, que vuelven a recrear el ciclo de la monstruosa burbuja especulativa y demuestran que el capitalismo es un sistema movido únicamente por la acumulación del capital e imposible de humanizar o de concienciar a pesar de haber cometido las mismas barbaridades hace tanto poco tiempo. Hoy Barcelona es una ciudad que centrifuga miles de personas empobrecidas, muchas de ellas jóvenes. Este hecho se agrava por las penosas condiciones de la red de transporte público, que causa la pérdida de muchas horas semanales a la clase obrera que se desplaza arriba y abajo para vender su fuerza de trabajo. Los servicios públicos estan siendo trinchados. La sanidad catalana, con un alto grado de reconocimiento por la calidad de sus profesionales, está sufriendo una política consciente y deliberada  de recortes con el objetivo de hundirla e incrementar los beneficios de las mutuas privadas.

La investigación pública, también con una alto reconocimiento internacional, ha sido atacada brutalmente. Las universidades han completado su reconversión anglosajona siguiendo los mandatos de la Unión Europea y los organismos del capital internacional. Se está matando la investigación universitaria y convirtiendo la educación superior en una mera fábrica de mercancías baratas por las necesidades del sistema. Se encarecen los grados y se obliga los estudiantes a cursar posgrados y másteres a precios prohibitivos. Se imposibilita así, de facto, el acceso universitario a buena parte de los hijos e hijas de la clase obrera. Las escuelas públicas pierden calidad debido a los recortes y la falta de personal, con la sinvergüenza de culpar los profesionales de la enseñanza con propuestas como MIR de profesores. Finalmente, cuando la clase obrera envejecemos, tenemos que sufrir un aumento ridículo de las pensiones mientras los precios se disparan.

En esta grave situación, en plena crisis capitalista, parte de la pequeña burguesía y sectores intermedios de trabajadores con rentas medias y altas, han enarbolado un proyecto independentista como respuesta a los ataques de la gran burguesía monopolista. El “Procés” ha sido la expresión de este conflicto y la búsqueda, por parte de estas capas sociales, de una salida o alternativa al proceso imparable de concentración de capital que arruina los pequeños productores y comerciantes.  La creación de un nuevo Estado dentro de la Unión Europea se perfilaba como una utopía para dar marcha atrás a los procesos monopolísticos. Este proyecto ha ido aglutinando enormes apoyos en los últimos años. Casi la mitad de la clase obrera catalana se  ha adherido debido a los contínuos ataques del Estado contra la lengua y la cultura catalanas. El independentismo, que esperaba que la presión conseguiría una negociación con el Estado, ha sido incapaz de analizar las dinámicas de los nuevos tiempos. El “peix al cove”, o la relación pugna-negociación, eran viables en un Estado con varias burguesías en competición. Pero en el siglo XXI, esta ya no es la realidad del estado español. La concentración capitalista ha creado un bloque burgués único y cohesionado que ejerce la dominación sobre todo el marco estatal. Este bloque se ha expresado con claridad, por ejemplo, en el periodo de fuga de empresas. La plasmación política de este cambio material está en el proyecto de construcción de la realidad nacional española. El Estado Español tiene toda la fuerza, un proyecto claro y una dirección; y en ningún momento ha tenido ninguna necesidad de negociar nada con el independentismo. Más bien el contrario, el proceso independentista está siendo utilizado para acelerar la consecución de los objetivos de la gran burguesía y su Estado. El dilema del independentismo catalán es el dilema del poder. Un vez no se quiere repartir, éste se tiene que tomar. Pero la fuerza motriz del proceso, la pequeña burguesía, es incapaz de coger este camino. El proyecto independentista ha fracasado rotundamente y su razón democrática y moral contra los ataques de un estado represivo no invalidan este hecho. El independentismo se remueve, escenifica, hace declaraciones “políticas” y busca ideas creativas para arrastrar el cadàver. El Estado tiene el monopolio de la violencia y este no se toma mediante ideas brillantes o sentencias de tribunales internacionales. Se pretende marear la opinión pública para negar la derrota.

Ante esto, la clase obrera tiene que analizar el pasado reciente y entender la inutilidad del proyecto independentista por la defensa de sus intereses, puesto que mientras la clase obrera ha permanecido en este camino de acentuación de las contradicciones nacionales, el capitalismo lo ha tenido más fácil para encubrir la lucha de clases. La clase obrera de sentimiento español, durante años dormida, también se ha visto empujada a la falsa dicotomía nacionalista, con el agravante de estar influenciada por discursos marcadamente reaccionarios cuando no, fascistas. La clase obrera, venga de donde venga, hable el que hable y se sienta como se sienta tiene que abandonar los proyectos que le son ajenos y buscar un camino independiente de los intereses de la burguesía. El camino independiente de la clase obrera y por la clase obrera.

El fin de la crisis ha hecho menguar ligeramente el miedo. Así, vemos como en los últimos tiempos reavivan expresiones de lucha obrera y popular. La lucha de los pensionistas, el 8M o la lucha de Titanlux son ejemplos a seguir porque demuestran que, cuando hay lucha organizada, la patronal recula y, esto comporta una serie de pequeñas victorias totales o parciales de nuestra clase en varias huelgas. La clase obrera tiene que estar alerta ante el intento de apaciguar e institucionalizar las luchas mediante las migajas que el sistema pueda ir estela. El reformismo, que siempre plantea los dilemas del mal menor, volverá a aparecer para desorientar el pueblo. No nos podemos contentar con el regreso de una pequeña parte de la plusvalía que nos roban, ni que nos mejoren ligeramente los servicios públicos a la espera que llegue la siguiente crisis para acabar mucho peor de cómo estamos ahora. En su camino ascendente, la lucha obrera y popular puede aceptar mejoras que el sistema ceda, pero siempre con la mira puesta en hitos cada vez más ambiciosas y el objetivo fijado en la derrota final del sistema capitalista y la construcción de la sociedad socialista-comunista, único momento en que el pueblo podrá disfrutar plenamente de todas las riquezas de la sociedad.

La clase obrera y los sectores populares han sufrido una derrota temporal que se hace patente en la baja capacidad de organización política y sindical. La debilidad del Partido Comunista y la carencia de un frente sindical combativo comporta una caída de la conciencia clasista y, por lo tanto, la aceptación de los postulados del enemigo. La burguesía ha aprovechado esta derrota para avanzar rápidamente en la eliminación de nuestros derechos sociales, políticos y democráticos. Ahora toca construir un proyecto para hacer frente al sistema y pasar a la ofensiva. La II Conferencia de Comunistas Catalans – PCPE llama al pueblo a fortalecer las luchas anticapitalistas, el sindicalismo clasista y combativo y las filas del Partido. Si la derrota de estos pilares ha sido la base porque la burguesía nos haya llevado al actual callejón sin salida, la recuperación del hilo rojo de la historia, con el Partido Comunista como Partido de la clase obrera, es el primer paso por nuestra victoria.

Sábado 17 de marzo

II Conferencia Nacional de Comunistas Catalanes – PCPE