PCPE Castilla y León sobre los incendios forestales en 2017

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Otro año más, el verano se acaba en Castilla y León con multitud de noticias sobre los incendios forestales ocurridos en la comunidad. Un año nefasto, especialmente en las provincias de León, Zamora y Salamanca, las que tradicionalmente sufren más este tipo de catástrofes.

Con los datos oficiales existentes (hasta el 31 de agosto), Castilla y León ha sufrido 2.162 incendios forestales, que han quemado más de 33.000 hectáreas, incluyendo casi 11.000 hectáreas de bosques. Esto se traduce en que ha habido en 2017 un 60% más de incendios forestales que en 2016, los cuales han quemado más del doble de superficie arbolada que el año pasado. La superficie forestal, (arbolada o no) arrasada en 2017 casi triplica la media de los últimos 10 años. 

Las causas de los incendios forestales en Castilla y León

Los datos que existen en la Comunidad Autónoma no dejan lugar a dudas: el 90% de los incendios forestales son con total seguridad provocados por la mano humana, bien sea de manera intencionada o por una negligencia. Tan sólo el 8% se deben a tormentas eléctricas o a reproducciones de incendios anteriores, mientras que se desconoce la causa del 2% restante. 

Esta es una cuestión que no deja de relacionarse con la distribución de los incendios forestales dentro de la comunidad: Sólo entre León, Zamora y Salamanca se producen 3 de cada 5 incendios y se quema el 82% de la superficie total de toda Castilla y León. Y es que, a pesar de que siempre se han producido quemas de forma tradicional con diferentes objetivos (creación de pastos para el ganado, quema de rastrojos o usos cinegéticos y protección del ganado contra depredadores, entre otros) la situación del entorno rural no es la misma:

  • El despoblamiento de las zonas rurales, con la emigración de la juventud y el envejecimiento de la población que permanece, impide el mantenimiento de los montes que se hacía anteriormente por parte de los propios vecinos. El abandono en muchas zonas de las suertes de madera, así como la práctica inexistencia de ganado particular, impide el reciclado de la materia vegetal. Ésta acaba convirtiéndose en un potencial combustible para un incendio forestal: En resumen, el fuego se encuentra con más material que devorar, disminuyendo las posibilidades de poder ser extinguido en un corto espacio de tiempo.
  • El cambio en las condiciones climáticas, con veranos cada vez más secos, favorece que se den las condiciones de temperatura y humedad necesarias para facilitar el inicio de un incendio forestal: Cada vez resulta más fácil encontrar restos secos de vegetación donde un agente causante (por ejemplo, colillas o restos de vidrio) pueda generar un foco incendiario. 2017, por ejemplo, se ha caracterizado por ser un año extraordinariamente seco, donde organismos públicos como la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil han activado la alerta por sequía en su zona de actuación.
  • La precariedad de los medios de extinción y de los trabajadores forestales; donde la falta de personal, subcontratados por empresas, frecuentemente mal pagados y con poco material de trabajo, no permite realizar unos trabajos forestales de prevención adecuados. Una situación que se ha visto aún más agravada en los años de crisis capitalista y que ha llevado a multitud de protestas por parte de los bomberos forestales en defensa de sus condiciones de trabajo.

Un problema ambiental y económico

Evidentemente, cada incendio forestal es un problema ambiental, donde se ponen en peligro ecosistemas enteros, se daña la fauna y la flora local y se produce un impacto paisajístico. Además,  generalmente conlleva un tiempo prolongado de recuperación, especialmente para los bosques, que produce alteraciones no sólo en el ecosistema dañado, sino también en los que están alrededor de la zona incendiada. 

No obstante, la repercusión económica de estos fenómenos es, a ojos humanos, tanto o más importante que el daño ecológico:

  • La falta de cobertura vegetal favorece la aparición de inundaciones,al no haber nada que controle la absorción del excedente de agua. Así mismo, permite una alta erosión del suelo, que pierde nutrientes y los materiales que más facilitan el desarrollo de la agricultura; la recuperación de la productividad supone un mayor uso de fertilizantes, incrementando los gastos de producción y reduciendo los beneficios. El mayor uso de fertilizantes, a su vez, produce una mayor contaminación de aguas y suelos, afectando a la calidad del agua y a las especies de pesca tanto en la zona próxima como aguas abajo.
  • El aumento de la erosión también produce, por sí mismo, un empeoramiento de la calidad del agua, al presentar mayor cantidad de cenizas y partículas en suspensión. 
  • El precio de la madera se reduce considerablemente, afectando gravemente a la economía de las zonas rurales que dependen de la explotación maderera. A su vez, la reducción en el precio abarata los costes de las empresas madereras, especialmente cuando no requieren madera en buen estado para su transformación en productos de calidad, generando más beneficios a dichas empresas. 
  • Un tanto similar sucede con las explotaciones micológicas reguladas y los cotos de caza. El empobrecimiento de las zonas rurales agrava sus dinámicas de despoblación.
  • Las labores de repoblación, así como la potencial destrucción de infraestructuras que deben repararse o construirse de nuevo, aumentan los costes de la recuperación de la zona.
  • Los perjuicios en la salud de las poblaciones próximas a los incendios generan un mayor gasto en Sanidad.
  • La pérdida de vegetación impide que la contaminación de CO2 sea absorbida, lo que supone una mayor contaminación por este gas de efecto invernadero y el pago de multas por parte del Estado Español por ello, de acuerdo a los acuerdos internacionales a los que España está sujeta.

La posición del PCPE – Castilla y León ante la problemática de los incendios forestales

El Comité de Castilla y León del PCPE considera que la situación que se genera todos los años en Castilla y León, especialmente en los meses de verano, es una consecuencia directa del abandono de las zonas rurales por parte de las políticas aplicadas por la Junta de Castilla y León y el Gobierno de España, siguiendo claramente las directrices de la Unión Europea. El marco legislativo europeo, con la Política Agraria Común (PAC) y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) a la cabeza, ha sido clave para favorecer un modelo rural netamente capitalista donde las mayores empresas obtienen mayores ayudas, mientras que los vecinos sólo pueden perder dinero del campo, empobreciéndose, favoreciendo la emigración de su juventud y perdiendo los pocos servicios básicos que tienen; En definitiva, las zonas rurales se mueren, y con su abandono llegan los incendios forestales que afectan a todos y todas.

Los parches que suponen la existencia de medios de prevención son también ineficaces. El PCPE de Castilla y León responsabiliza directamente a la Junta de Castilla y León de la situación en la que se encuentran los trabajadores forestales en la Comunidad, así como de los pocos trabajos que se realizan en los montes castellano-leoneses, lo que imposibilita unos bosques sanos donde sea más difícil que se produzca un incendio. La posición de la Junta choca frontalmente con el elevadísimo valor ambiental de la comunidad, en la que la UNESCO reconoce 8 Reservas de la Biosfera (la más alta distinción de un organismo internacional a los valores biológicos de un territorio), además de haber 2 parques nacionales, dos parques regionales y trece parques naturales, entre otras figuras de protección ambiental recogidas nominalmente en la legislación autonómica y estatal.

El PCPE de Castilla y León entiende que el número de incendios se puede rebajar considerablemente atacando las causas humanas que los producen. Por tanto, nuestro Partido defiende la creación de unos programas de educación ambiental reales, diseñados para todos los elementos de la sociedad, que genere unas conductas positivas para el entorno natural y minimice aquellas conductas que supongan un daño para el mismo.

El PCPE de Castilla y León considera que la solución real de los problemas ambientales se basa en la aplicación de una correcta planificación de los usos del suelo y la ordenación del territorio, atendiendo a las particularidades de cada zona; una cuestión que es imposible de aplicar en el seno del sistema capitalista y la anarquía del mercado, que se ceban continuamente con los recursos naturales y las poblaciones rurales. Por ello, el PCPE de Castilla y León llama a los trabajadores y las trabajadoras de Castilla y León y a sus familias -especialmente en las muchas zonas rurales de la comunidad- a luchar contra un sistema que no les tiene nada que ofrecer y a organizarse en el Partido Comunista, su partido, para conseguir derrotarlo.

¡Por un país para la clase obrera!

Comité de Castilla y León del PCPE.