Desde la organización de Avilés del PCPE Asturies, junto con los CJC Asturies, queremos manifestar una vez más nuestra indignación ante un nuevo fallecimiento de un trabajador en su centro de trabajo.

Ayer se ha sabido que el compañero muerto el pasado miércoles 18 de julio en las instalaciones de Asturiana de Zinc no falleció por muerte natural, como se pretendió hacer ver inicialmente, sino que fue víctima de un terrible accidente laboral, resultando electrocutado junto a una canaleta de alimentación de las cubas electrolíticas de una nave de electrólisis, cuando desempeñaba sus funciones de limpieza para la empresa subcontratista Eulen.

Son ya diez los trabajadores fallecidos en Asturias en lo que va de año, en accidentes laborales. Un fatal suma y sigue, que ni la patronal ni la administración desean poner fin de una vez.

Parece que la empresa, Asturiana de Zinc, ya ha iniciado investigaciones “exhaustivas” por su cuenta… ¿tal vez para ver si encuentra la forma de responsabilizar al trabajador de su muerte? Hablan de rediseñar protocolos de seguridad, se les llena la boca de modelos de excelencia, gestión proactiva… ¿Cuántos muertos electrocutados en sus plantas hacen falta para “rediseñar sus protocolos”? Porque no olvidemos que ya en 2013 otro trabajador de mantenimiento murió en similares circunstancias en la factoría de AZSA. No nos engañemos: solo mueven un dedo cuando la tragedia se consuma, y lo mueven para señalarnos, para acusarnos, para culpabilizarnos de lo ocurrido.

También investiga Inspección de Trabajo… ya, ahora. ¿Por qué no mejor investigamos antes las condiciones en las que día tras día miles de trabajadores y trabajadoras nos vemos obligados y obligadas a producir?

¿Por qué la administración no exige a las empresas que cumplan de forma efectiva la normativa y por qué no se exigen mayores medidas de seguridad e inversiones en prevención?  Tal vez así, las cifras de siniestralidad laboral no serían tan vergonzosas, pero claro, esto obligaría a la administración a enfrentarse a la patronal, a decirles “no.” Las cifras oficiales del Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales hablan claro: 198 trabajadores y trabajadoras fallecidos en los últimos 10 años en Asturias, 1.066 accidentes con consecuencias graves, y en lo que ha transcurrido de 2018 ya se ha igualado el total de muertes del 2017… No hay excusas que valgan.

No es cuestión de protocolos, es cuestión de inversión, pues protocolos sin inversiones suficientes no son más que papel mojado. Pero esa inversión nunca llega, pues no es “productiva”, no aumenta la tasa de ganancia del capital. Y es que es así como aumenta la productividad el sistema capitalista: precarizando las condiciones laborales, aumentando la carga de trabajo, reduciendo la inversión en prevención y seguridad de las trabajadoras y los trabajadores… Y el único resultado posible es éste: accidentes laborales y muerte.

Pero cuando estos accidentes no son más que la consecuencia inevitable de una praxis empresarial inhumana, cuando estamos ante la crónica de un nuevo accidente anunciado, cabe preguntarse dónde está la línea que separa el accidente laboral del crimen patronal. Esa línea ya no la vemos: hace demasiado que ya la hemos cruzado.

Aprendamos la lección: al capital no le importan nuestras vidas, el estado burgués no defiende nuestros intereses de clase. Nos roban nuestro salario, nos roban nuestra salud y nuestra vida. Esto sólo cesará cuando la clase trabajadora controle los medios de producción, cuando trabaje para ella misma y no para el capital explotador. Ni una muerte más en el trabajo.

La organización de Avilés del PCPE y los CJC damos nuestras más sinceras condolencias a su familia, así como a sus compañeros y compañeras de trabajo. La clase trabajadora está con vosotros.