La política es cuestión de clase

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No se trata de una afirmación sobre la elegancia o las buenas maneras en el debate político, sino una llamada de atención a millones de trabajadores y trabajadoras. 

Si alguien piensa que aquello de las clases sociales ya pasó a la Historia, o se tragó el cuento de la existencia de la clase media y derivados, quizás uno de sus propósitos de año nuevo debiera ser echar un vistazo a su entorno y dejar de atender a ciertos titulares de prensa. 

Tengamos en cuenta un solo dato: recordemos las medidas que todos los gobiernos españoles han aplicado para eso que denominan “fomento del empleo” y que consisten básicamente en que haya más contratos de trabajo y más altas en la Seguridad Social, sin tener en cuenta si dan o no dan para vivir. Una pista: no nos han beneficiado, nos han perjudicado.

Despedir a un trabajador cada vez es más barato y más fácil. Las empresas cada vez pagan menos en cotizaciones sociales. Se generaliza la doble escala salarial (generacional, pero también de género). Se crean nuevas figuras de contratación, más baratas y más precarias. Se promueve el trabajo no remunerado a través de prácticas o “stages” (en inglés parece que es más asumible, ¿no?) y del voluntariado. 

Vamos a ver, no puede ser casualidad. Año tras año, gobierno tras gobierno, la tendencia es innegable. Un empeoramiento sistemático de las condiciones de trabajo que se lleva a cabo, dicen, para mejorar la situación de los trabajadores y trabajadoras. ¿En serio? 

Es posible que alguien tenga la explicación, sacada de algún diario económico, de un corte del telediario de las tres o de alguna tertulia económica radiofónica. Una explicación que justifica la necesidad de estas medidas, claro está.

O bien puede ser que alguien se haya dado cuenta y, gracias a la lectura de otros diarios, de otros canales televisivos o de otras tertulias “comanches”, piense que esta tendencia es inaceptable, que es una tomadura de pelo, que basta ya, que se indigne, pero que no encuentre alternativa, que no se vea en condiciones de formular una alternativa, porque de todos es sabido que aquello del comunismo era una bonita idea que salió mal.

Pues no.

Empecemos por decir abiertamente que el sistema capitalista es el sistema de los capitalistas. Que se legisla para beneficio de los capitalistas y que se utilizan todas las posibilidades que ofrece hoy la comunicación de masas para asentar en la mente de los que no somos patrones que este orden de cosas es el único posible, una vía de sentido único, como dicen unos buenos amigos, en la que a lo mejor se puede circular por el carril derecho o por el izquierdo, pero únicamente en un sentido.

Se puede romper con esa idea y, como siempre, esa ruptura parte de la realidad que nos rodea. No estamos condenados a seguir una vía de sentido único que nos obliga a asumir como inevitables todos y cada uno de los ataques que se realizan contra nosotros y frente a los que, a lo sumo, nos dicen, cabe tratar de minimizarlos, de resistirse para que sean un poco menos lesivos. 

No, si vemos a diario que las condiciones de trabajo empeoran, si vemos a diario que cada vez menos jóvenes pueden acceder a los estudios superiores, si vemos a diario que los salarios no llegan para vivir dignamente o que hay personas que no tienen donde vivir, ¿no será momento de plantearse que este sistema no está para beneficiarnos a los trabajadores y trabajadoras, sino a otros?

Sin duda, la política es cuestión de clase. De clase contra clase. Por ahora va ganando, por mucho, la clase que no es la tuya y que, además, es minoritaria. Y no es cuestión de maquillarlo, no es cuestión de que no parezca que los menos se aprovechan de los más. Es cuestión de empezar a preguntarse ¿quién genera la riqueza de un país? ¿Los trabajadores o los gerentes?

Responder a esa pregunta es hacer de la política una cuestión de clase.

Ástor García, Secretario General del PCPE