Javier Martín: «Desde la Juventud miramos con esperanza el caminar de nuestro Partido»

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Javier Martín (CJC).

Texto íntegro del discurso de Javier Martín, en representación del Consejo Central de los CJC, en el acto de conmemoración del 100º aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, celebrado en Madrid, el 7 de octubre de 2017.

Camaradas, compañeros y compañeras, amigos y amigas, 

el otro día, después de los trágicos sucesos de Catalunya, yo veía las brutales imágenes en casa de mis abuelos. Mi abuela nació en un pueblo pobre de Castilla, a los 15 años se vino a Madrid para servir y limpiar en casas de señoritos, y durante los primeros años en la capital vivió entre aquellas calles de barro, chabolas y casas bajas que era el barrio de Vallecas. Mi abuela, bajo premisas equivocadas, no quiere la independencia para Catalunya porque piensa que esa independencia es un riesgo para España y ella identifica España con su familia, su historia, su vida y sobretodo con un presente que dista de un pasado trágico de miseria, silencio, guerra y muerte. 

Pero mientras emitían las imágenes de cómo sacaban de los pelos a la gente de los colegios electorales, no pudo más que decirme con un afiladísimo instinto que al final los que recibíamos los palos éramos los de siempre y que ocurriese lo que ocurriese en Catalunya eso no iba a cambiar lo que había escuchado en la radio esa misma mañana: que en este país el 40% de las pensiones de jubilación no superan el umbral de la pobreza. “Si esto es al final lo de siempre, a los políticos les interesa de todo menos nuestras vidas” me dijo. Sus comentarios eran la evidencia de ese instinto de clase del que nos hablaba Lenin. 

Late en la clase obrera de nuestro país ese instinto en cada ámbito de su vida diaria, cada vez que un trabajador ve como le bajan el suelo y tiene que trabajar las mismas o más horas mientras su patrón sigue enriqueciéndose. Cada vez que un estudiante de una familia trabajadora ve cómo tiene que hacer el doble de esfuerzo que el hijo de un rico para poder simplemente estudiar lo que desea. Cada vez que echan a alguien de su casa porque no tiene cómo pagarla. Cada vez que vemos como la supuesta divinidad de la constitución sirve para reprimir a más de 700 personas en Catalunya pero como no les tiembla ni un poquito el pulso para volverla de nuevo profana cuando se trata de aprobar una reforma para colocar los intereses de la UE por encima de los intereses generales del pueblo. Que forma tan cruel de demostrar la correcta tesis de que el poder no tiene nada que ver con las promesas o la democracia sino con la fuerza y los intereses de la clase dominante. 

Ese instinto esta motivado por unas condiciones de vida que demuestran que sigue existiendo un enfrentamiento de intereses entre los que producen y los que se enriquecen. Un enfrentamiento que demuestra que Octubre, que la experiencia bolchevique y las enseñanzas que de ella se pueden obtener,  no es exclusivamente un recuerdo nostálgico. Demuestra que Octubre vive en cada pequeño gesto de la clase obrera y que nos grita su imperativo en cada suceso, momento y acción. Que hay más de Octubre en cada bloque de pisos, en cada bar, en cada parque, en cada mina, en cada instituto… que en cualquiera de las charlas inteligentísimas de aquellos que tratan de utilizar a Lenin para justificar su renuncia y su claudicación.  

Lo que mi abuela dejó caer en primer lugar es, que como dijo Lenin, el Estado es una herramienta de opresión de una clase sobre otra y que siempre que algo vaya en contra de sus intereses concretos, va a hacer uso del más alto grado de fuerza.  Y eso lo sabemos tanto en Catalunya, como en Asturias, como en Madrid. No tuvieron reparos en aquel Domingo Sangriento de 1905 en el que asesinaron a mas de 200 personas, no tuvieron reparos en 1934 en la gloriosa revolución asturiana, no tuvieron reparos en 1976 en Vitoria el día que Fraga dio la orden que acabó con la vida de cuatro obreros desarmados, no tuvieron reparos en Madrid en aquellos 5 días de represión en 2014 en el que detuvieron a más de 50 estudiantes, ni tuvieron reparos el otro día en Catalunya cuando se dio la orden de contestar con sangre a la voluntad de expresión de un pueblo. 

Y después de semejante barbaridad, que no demostraba sino una vez más el carácter del Estado en el Capitalismo, salía el borbón en televisión a dar lecciones de democracia, de soberanía y de patriotismo para justificar la represión contra el pueblo. Salía a dar lecciones de democracia un hombre que no ha sido elegido por ni un solo español, salía a dar lecciones de soberanía aquel que pertenece a una familia para la que España no es más que un patio de recreo, y salía a dar lecciones de patriotismo el mismo que no ha cogido jamás una herramienta, que jamás ha fichado entrando al tajo, para poner en marcha este país cada mañana como si lo hacen los trabajadores y trabajadoras de este país, como sí lo hacen los que han sido apaleados en Catalunya.  

Lo segundo que se desprendía de las declaraciones de mi abuela es que los intereses fundamentales de la clase obrera siguen siendo los mismos a un lado y al otro del Ebro. Esto no quiere decir que nosotros no consideremos importante o propias de la clase las reivindicaciones democráticas, lo que estamos diciendo es que no es posible el legítimo ejercicio de la autodeterminación dentro del capitalismo español, lo que estamos diciendo es que no demos la mano a falsos amigos, que no dejemos que el nacionalismo emborrone el verdadero enfrentamiento: el de aquellos a los que nos arrebatan todo frente a aquellos que se apropian de todo. Y entre los que se apropian de nuestro sudor y esfuerzo, entre los que nos arrebatan hasta nuestros derechos más básicos en beneficio del interés económico de lo monopolios, se encuentra tanto el Borbón, como Rajoy como el señor Puigdemont. Lo que nosotros estamos diciendo es lo mismo que decía García Lorca cuando declaraba que: Yo soy español integral pero el chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos. Lo que estamos diciendo es que la única forma de tener una Catalunya libre y una España libre no es mediante el enfrentamiento nacionalista, no es mediante las peticiones de diálogo a partes que se mueven exclusivamente por intereses políticos y económicos de rapiña (eso, señores reformistas, es como pedirle a un lobo que se vuelva vegetariano y echarse después las manos a la cabeza porque una vez más no nos ha hecho caso), la única manera de tener una Catalunya y una España libre es mediante la limpia conciencia y firme plasmación organizada de que el obrero de Vallecas está infinitamente más cerca del obrero del Clot que de cualquier políticucho o burgués por muy españoles y muchas banderas que cuelguen en sus terrazas.  

Si podemos extraer dos enseñanzas fundamentales de la experiencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre son la capacidad de apreciación del momento y la importancia del Partido Comunista. Lenin era ante todo uno de los mayores pensadores de la práctica que sin duda ha dado la historia. Su brillantez en los momentos de mayor complejidad y dificultad de análisis en los sucesos de la revolución bolchevique proceden de la firme convicción de que el Marxismo es ante todo una guía para la acción, que es mediante el análisis concreto de la situación concreta como realmente se pueden sacar la postura política adecuada. Lenin supo explicar con brillantez cuando volvió del exilio en aquel tren blindado en abril de 1917 que la clase obrera no podía colocarse detrás de los Kerenski y la burguesía Rusia esperando en quietud a que estos terminaran la revolución democrático-burguesa. Lenin explicó con claridad cómo esa espera bajo pabellón ajeno implicaba la derrota del pueblo organizado en los Soviets, como implicaba la muerte de los hijos e hijas de la clase en la guerra mundial, como esas conquistas democráticas que estaban pendientes solo podía terminar de conquistarlas la propia clase obrera y los campesinos pobres tomando el poder. Frente a los que le decían que era un vanguardista o un sectario por no saber esperar, por no confiar en las migajas democráticas que prometía la burguesía, por no saber entender las fases de transición hacia un futuro y lejano socialismo, Lenin dijo con claridad y firmeza que nada tenía la clase obrera que ganar esperando, que esperar significaba la muerte de la revolución. En virtud del análisis concreto declaró que el momento era ese o ningún otro, declaró la necesidad de la independencia de la clase obrera y levantó por primera vez en la historia la bandera que cambiaría el curso de los acontecimientos, la bandera con la que se tomaría el Palacio de Invierno, la bandera del ¡TODO EL PODER PARA LOS SOVIETS! 

Debemos saber apreciar siempre el momento específico y utilizar como criterio fundamental si realmente la clase obrera gana algo con una u otra orientación política. Yo pensaba en esto el otro día mirando la amplia participación de los estudiantes catalanes en todas las movilizaciones de estos días. Los estudiantes en Catalunya salieron con valentía y dignidad a defender la libertad, su derecho a expresarse y su oposición a la brutal represión. Y está en el deber del resto de estudiantes revolucionarios de este país explicar a nuestros compañeros y compañeras que se debe luchar contra toda forma de represión del Estado porque la normalización de esa represión y su refuerzo se volverá antes o después contra todo el estudiantado que que lucha por una educación al servicio del pueblo trabajador. De igual manera, el estudiantado en Catalunya debe saber y no olvidar, porque la memoria es el arma de los pueblos contra la manipulación. No podemos olvidar cómo el gobierno de CiU fue pionero por 2010 en la privatización educativa, no olvidemos que fue el gobierno del señor Mas el que redujo al máximo la partida dedicada a educación en los presupuestos, no olvidemos la subida hasta el máximo permitido de las tasas y no olvidemos que cuando los estudiantes salieron a defender sus derechos contra la privatización, contra el expolio, contra la corrupción, contra la explotación, fueron los Mossos bajo las ordenes del gobierno catalán, quienes reprimieron y golpearon indiscriminadamente al pueblo. 

Lecciones de democracia a la clase obrera ninguna. Ni del señor Rajoy, ni del Borbón, ni del señor Puigdemont. Y lecciones de patriotismo menos aun. Porque para nosotros alzar la bandera del patriotismo solo puede hacerse si eso implica también la defensa de los derechos del pueblo, si ese patriotismo coincide con los intereses de la clase obrera en todo el mundo. Si hablamos de patria nosotros declaramos que no hay ni un solo espacio, ni un rinconcito pequeño para Felipe VI, Puigdemont o Rajoy en la patria por la que debe luchar la clase obrera. Porque nuestra Patria está allí donde la clase obrera lucha, nuestra patria es la España de la Cultura y el Trabajo, nuestra España es futuro y memoria, nuestra patria, la única patria que puede tener la clase obrera, tiene una bandera con tres colores y sigue a día de hoy en las cunetas de este país. 

¿Cuál es por tanto la solución a todo esto? Mantener la misma consigna que mantuvieron lo bolcheviques, la consigna de la independencia de la clase obrera. La segunda de las enseñanzas que señalaba antes de la gran revolución socialista de Octubre fue la necesidad del Partido. La clase obrera necesita un Partido fuerte, un Partido propio para no caminar bajo intereses ajenos. La clase obrera exige de un Partido para poder tener esa referencia que decía Pasolini de un país limpio en mitad de  un país sucio, de un país honesto en mitad de uno deshonesto, de un país digno en mitad de un país indigno. Hoy, desde la Juventud Comunista, desde los CJC, miramos con orgullo y esperanza el caminar de nuestro Partido. Se están sentando las bases para la recuperación definitiva del Partido Comunista en nuestro país y esa es la mejor noticia posible para la clase obrera. Los Jóvenes Comunistas miramos con orgullo y esperanza la preparación del XI Congreso pues sabemos que de él saldrá el partido que devolverá a la clase obrera el legítimo derecho de soñar con garantías. 

Llamamos a la juventud parada, a los que sufren la temporalidad, a los que curran de sol a sol para ayudar en casa, a los que les cuesta pagar las tasas universitarias, a todos los jóvenes de extracción obrera y popular y les decimos que una cosa les podemos asegurar: su puesto en la batalla. Les llamamos a organizarse en sus centros de estudio, de trabajo y en sus barrios, les llamamos a sumarse a las filas de la Juventud Comunista y a ayudar a construir el tan necesario proyecto comunista en nuestro país. Les llamamos a organizar junto a nosotros y nosotras la ofensiva. 

Esa es la consigna con la que los CJC nos lanzamos a día de hoy al trabajo político: “Organizar la ofensiva”. Y en ella se incluyen todas las claves ya señaladas, todas las lecciones de Octubre: la necesidad de la independencia de la clase obrera, la necesidad de la organización a nivel de base, la necesidad de la movilización contra los ataques del capitalismo, la necesidad de la lucha por un País para la Clase Obrera, la necesidad de confiar exclusivamente en nuestras propias fuerzas, la convicción de que solo el pueblo salva al pueblo. Camaradas, compañeros y compañeras, amigos y amigas, lo que esta consigna busca es transformar ese instinto del que hizo gala mi abuela en conciencia revolucionaria, lo que esta consigna expresa es que el futuro se encuentra detrás de la clase dominante, detrás de la burguesía y los políticos que le sirven. Y que por tanto no cabe buscar soluciones colocándose a su lado, pidiéndoles tranquilamente que se aparten y dejen el camino libre, ni mucho menos estirándoles la mano. La única solución para que la mayoría social, para que la clase obrera alcance un país hecho a su medida, es pasarles por encima sin corazas ni mediaciones, es agarrarnos fuerte de los brazos y pasarles unidos por encima porque solo detrás de ellos está la orilla, está nuestro futuro. 

¡Viva la gran revolución socialista de octubre!