¿Qué hay detrás de las nuevas amenazas de cierre de las centrales térmicas?

0

El pasado 10 de noviembre de 2017, la compañía Iberdrola anunció el cierre de las centrales térmicas de Lada (Asturias) y de Velilla del Río Carrión (Palencia) , bajo el pretexto de reducir las emisiones de CO2 hasta un 50% para 2030, con el compromiso de recolocar a todos los trabajadores. Ante esta situación, es conveniente realizar ciertos apuntes:

¿De verdad tanto contamina la térmica?

Iberdrola es la cuarta compañía del sector energético del mundo, con un beneficio neto de más de 2.000 millones de euros anuales (datos de 2016). Actualmente, el 63% de la energía producida por Iberdrola se consigue con combustibles no renovables, entre los que destacan la energía nuclear (18%) y el gas natural en varias formas (43%)1. Las centrales térmicas de carbón, como la de Velilla, no suponen para Iberdrola más del 2% de su producción. La justificación de su cierre en base a la reducción de emisiones de CO2, por tanto, carece de sentido, mucho menos cuando en otros países la compañía sigue apostando fuerte por construir nuevas centrales de cogeneración, que utilizan gas natural igualmente fuente de gases de efecto invernadero2.

¿Qué supone realmente la térmica?

El municipio de Velilla del Río Carrión actualmente mantiene entre sus 8 núcleos de población menos de 1.400 habitantes, buena parte de los cuales viven ya su jubilación o se encuentran en el final de su vida laboral. Por ello, la única industria mediana que se mantiene en el municipio es la central térmica, con 80 puestos de trabajo directos y cerca de 200 indirectos. El cierre de la misma supone el colapso económico de todo el municipio y un golpe en la economía de los municipios cercanos, como demostró la manifestación del  pasado 18 de noviembre, donde más de 3.000 personas (más del doble de la población del municipio) se manifestaron contra el cierre de la central3. En esta situación, no faltarán diferentes propuestas de negocio que los vecinos, por falta de alternativas, veremos con buenos ojos a pesar del impacto de las mismas al medio ambiente, lo que nos conduce a la siguiente cuestión.

El “postureo” ambiental

El mismo municipio se localiza por completo dentro del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre – Montaña Palentina, declarado en 1979 para, entre otros objetivos, proteger a varias especies en peligro de extinción: Aquí encontramos las poblaciones orientales de oso cantábrico y de urogallo, así como varias especies vegetales únicas en el mundo. Esta situación de riqueza ambiental es la que en multitud de ocasiones, bajo el pretexto de “fomentar la economía local”, ha sido miserablemente puesta en riesgo por las propias administraciones públicas y varias grandes empresas privadas, como el proyecto de alta tensión Sama-Velilla, la estación de esquí de San Glorio o diversas propuestas de minería a cielo abierto. La preocupación ambiental que hoy tanto muestra Iberdrola para cerrar la térmica no la tuvo en su día con la alta tensión que conectaba sus dos centrales, ni la mostró ninguna empresa anteriormente. 

¿La energía es realmente un derecho?

A pesar de que los monopolios españoles del sector energético se permiten el lujo de cerrar los centros donde se produce la energía, los hogares españoles pagan el precio de la electricidad más caro de Europa4. En realidad, el problema de fondo es la dependencia exterior de España, donde solo 1 de cada 4 kilovatios que llegan a cada casa proceden de recursos naturales propios y no de importaciones5. Es más, en los últimos 20 años, con el cierre de casi toda la industria del carbón nacional, el gas natural -importado de países como Argelia o Libia- ha triplicado su consumo. Todo esto ha generado un progresivo encarecimiento del precio de la electricidad que abonamos los consumidores hasta el punto de ver a familias que no pueden permitirse poner la calefacción en invierno por el alto coste que supone.

La energía de los monopolistas

En la actualidad, la energía, un bien de primera necesidad, se está convirtiendo en un bien restringido al que no todos podemos acceder. La situación del mercado español, claramente dominado por pocas empresas muy potentes (Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Endesa, Abengoa…), permite un consenso entre ellas para aumentar el precio de la energía sin que pierdan clientela -a fin de cuentas, si no le compras a ellas, no puedes comprarle a nadie más-. El encarecimiento del precio, al final, no solo depende del pago de combustibles fósiles a terceros países sino de la necesidad de estas empresas de seguir acumulando beneficios para poder expandir su mercado y acumular aún más beneficios. 

Así mismo, el otro recurso para conseguir más beneficios es gastar menos: Por un lado, mover los centros de producción cerca de donde se extraen los combustibles (y por ello Iberdrola ha construido varias centrales en México en los últimos años); por el otro, ahorrar en mano de obra, como ha sucedido continuamente en todos los sectores productivos de España con los EREs que ha habido en miles de empresas. 

Los beneficios de multinacionales como Iberdrola se deben al esfuerzo de ambos sectores: los consumidores y los trabajadores. Sin embargo, unos y otros se ven perjudicados por las necesidades de los monopolios energéticos de acapararlo todo: La energía en España es la energía de los monopolistas.

El medio ambiente del capitalismo

La cuestión ambiental, lejos de ser una preocupación real, es un arma con la cual las empresas juegan para favorecer sus intereses económicos: Cuando interesa deslocalizar una industria, la preocupación por el medio ambiente florece para justificarlo; cuando lo que interesa es instalar otro negocio, de repente dicha preocupación desaparece. En la Montaña Palentina ambas situaciones son bien conocidas por los vecinos gracias a proyectos como San Glorio o Sama-Velilla por un lado o al cierre de la minería y de la térmica por el otro. 

Hasta el día de hoy, ninguna alternativa económica propuesta supone mayor empleo y menor impacto ambiental que una central térmica ya construida y modernizada. Escudarse en el medio ambiente para jugar con los puestos de trabajo es la prueba más clara de que vivimos dentro del medio ambiente del capitalismo.

Un país para la clase obrera

Si ni consumidores ni trabajadores son respetados, si el medio ambiente es solo una excusa, es porque no vivimos en un país donde la mayoría de la población tome decisiones. Cuestiones como la dependencia energética de España, el coste de la electricidad para las familias, la falta de alternativas económicas en nuestras comarcas o los continuos ataques a nuestro entorno natural tienen un mismo origen: el sistema económico actual, el Capitalismo. Es por tanto imprescindible empezar a señalar ese origen y plantear una alternativa al mismo:

  • Frente a los intereses de los monopolios energéticos, antepongamos la nacionalización del sector energético y sus sectores asociados y situémoslos bajo los intereses de la mayoría trabajadora: Ninguna persona sin luz en su casa.
  • Frente a la falta de alternativas económicas de nuestras comarcas, el paro y la pobreza, hablemos de reindustrialización de las mismas: el trabajo digno es un derecho, consigámoslo.
  • Frente a sus excusas ambientales, creemos un medio ambiente compatible con la sociedad, utilizando la planificación económica, la ordenación del territorio y la educación ambiental: Creemos una sociedad sostenible.

Solo la organización de los trabajadores y sus familias permite conseguir estos fines. Por ello, desde el PCPE llamamos a los trabajadores a luchar por mantener los puestos de trabajo y a luchar contra los intereses monopolistas, sin dejarse llevar por los cantos de sirena que les ofrecen otras alternativas poco realistas ni por el desánimo. Es hora de empezar a construir un país para la clase obrera.

Estrella Alonso, Responsable Política del Comité Regional de PCPE Castilla y León