Albert Camarasa: «La única vía a la autodeterminación pasa por derribar a la burguesía»

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Albert Camarasa, Secretario Político de Comunistes Catalans – PCPE.

Hace días que preparábamos esta entrevista pero todo está moviéndose muy rápido. ¿Qué opinión te merecen las últimas actuaciones del Estado?

Tienen todo nuestro rechazo. Estamos viendo un despliegue de buena parte de las herramientas represivas del Estado. Se están violando los derechos más básicos como los de opinión cuando impiden actos y debates políticos. Estamos a un paso de que haya nuevos presos políticos, cosa que contará con toda nuestra oposición. A pesar de nuestras discrepancias con los impulsores del proceso independentista no se puede aceptar lo que está pasando. A pesar de nuestra opinión sobre el 1 de Octubre, rechazamos rotundamente cualquier represión encaminada a impedir que aquellos que quieran puedan votar. Hay que decir a toda la clase obrera de todo el Estado que si se normaliza la aplicación de medidas represivas excepcionales luego estas se aplicarán sobre ella. 

Dicho esto, no es nada que estuviera fuera del guión. Hay ciertos líderes políticos como Ada Colau que dicen estar sorprendidos. Según dice, nadie podía esperar que el Estado español llegara tan lejos. Yo me pregunto ¿qué esperaba Ada Colau del Estado? ¿Qué concepción tienen ella y otros como ella del poder?

Brevemente, ¿por qué se ha llegado hasta aquí?

Es un proceso largo y complejo, pero si vamos a la raíz podríamos nombrar dos cuestiones. 

La primera es que la relación de unidad y lucha que han tenido la burguesía catalana y la central durante todo el siglo XX ha llegado a su fin. Estas burguesías se han interrelacionado y fusionado hasta tal punto que podemos decir que comparten unos mismos intereses, que en ningún caso pasan por la independencia de ningún territorio de España. Los grandes monopolios afincados en Catalunya se han expresado en este sentido. La clase dominante en Catalunya ha dejado de estar interesada en defender y promover “los rasgos característicos” de la nación catalana, algo que sí le había sido útil en etapas anteriores. Fruto de ello, amplios sectores de la pequeña y mediana burguesía, que sí tienen un marco económico centrado en Catalunya, se han visto desamparados. Todo esto tiene una traslación en la política, sobretodo en partidos como el PDCat.

La segunda viene relacionada con la crisis económica. Fruto del empobrecimiento masivo de la población y la concentración del capital en cada vez menos manos, esos sectores de la pequeña burguesía de los que hablaba antes se han visto amenazados. Sus negocios se han visto acorralados por la falta de crédito, la bajada de ventas y la intromisión de grandes monopolios en sus zonas de mercado. Esta amenaza de proletarización le ha hecho levantar un proyecto político que a la vez que no es anticapitalista, confronta con ciertas consecuencias del capitalismo contemporáneo. A pesar de ser una propuesta utópica, la pequeña burguesía suele tener la capacidad de arrastrar tras sus intereses a grandes masas de trabajadores, especialmente si el poder está interesado en desactivar las luchas obreras. Este proyecto político de la pequeña burguesía en España se materializa en el 15M y PODEMOS, y en Catalunya en el proceso independentista. 

Ante la amenaza de perder mi negocio y la incapacidad de competir con los grandes monopolios, construyo una propuesta política que se basa en una huida hacia adelante, con una Catalunya independiente capitalista donde no actuarán las leyes de concentración del capital y se tratará bien a sus trabajadores. Esta es la idea que impregna todas las capas sociales que apoyan el independentismo.

¿Va a haber referéndum? ¿Va a haber independencia?

Va a haber votación, puesto que al Estado le va a ser imposible cerrar todas las urnas que el independentismo pueda sacar en todas las plazas y barrios de Catalunya. Para evitarlo se necesitaría un grado de represión que el Estado no necesita alcanzar. 

No lo necesita porque el Estado ya ha ganado. Va a haber votación, pero no va a haber referéndum. Las actuaciones represivas del Estado van a conllevar que desgraciadamente nadie pueda interpretar el resultado de la votación como la voluntad general de los catalanes. 

Por lo tanto no, no va a haber tampoco independencia. Porque más allá de la gente que vote, el poder capitalista no tiene nada que ver con la democracia sino con la fuerza. El Estado tiene la fuerza y la Generalitat no la tiene. 

Se ha bautizado el proceso independentista como “la revolución de las sonrisas”. Hay un punto de superioridad moral en esta caracterización intolerable para los revolucionarios. Viene a decir que esta “revolución” sí que es buena porque, a diferencia de otros procesos de independencia históricos, se hace sin armas. Los catalanes somos mejores que los argelinos, los vietnamitas, los cubanos u otros pueblos incivilizados que se matan en latitudes donde no ha llegado la democracia. Pues bien, la realidad le va a dar un buen revés a estas concepciones, pues si en la historia no ha habido revoluciones de sonrisas no es porque a nadie antes las haya deseado, sino porque desgraciadamente la revolución siempre se da con resistencias violentas por parte de quienes ostentan el poder. 

A partir de aquí la única opción para el independentismo es buscar el amparo internacional. Lo han intentado fuertemente en los últimos tiempos sin éxito alguno, apelando a los Estados capitalistas con “democracias más avanzadas”. Otra vez cometen el mismo error, ningún Estado capitalista se mueve en interés de la democracia o los derechos humanos, sino que se mueven por intereses económicos, concretamente los intereses de sus empresas. Pensar que Estados Unidos vendrá a interceder en el conflicto cuando el Estado sobrepase cierto límite de represión es como creer que George Bush invadió Irak porque estaba preocupado por los derechos humanos de su población. 

¿Qué les dirías a aquellos que quieren votar el 1-O para ejercer el derecho de autodeterminación?

El derecho a la autodeterminación es un noble objetivo que los comunistas incorporamos en nuestras tesis. Fue un derecho impulsado por la Unión Soviética y los posteriores países socialistas. 

Pero que se comparta el objetivo no quiere decir que se comparta el camino para alcanzarlo. Hoy hay dos vías hacia la autodeterminación, una factible y otra que no llega a ella. El independentismo está escogiendo la segunda.

El derecho a la autodeterminación es que un pueblo pueda decidir qué ser y poder aplicar el resultado. Aún en el supuesto de poder votar, la Generalitat no tiene ninguna capacidad de aplicar un resultado a favor de la independencia, por lo que en ningún caso podemos hablar de votación vinculante. Nos guste más o nos guste menos, al margen de la intención con que esté convocado, esta votación no es un referéndum de autodeterminación. 

¿Qué va a ser pues la votación? Será un acto reivindicativo que reforzará las fuerzas independentistas. ¿Reforzar estas fuerzas es la mejor manera que avanzar en la posible autodeterminación de Catalunya? Rotundamente no.

La única vía factible en que se puede aplicar la autodeterminación para Catalunya es aquella que pasa por derribar la clase burguesa dominante que ostenta el poder en España. Con la toma del poder por la clase obrera se destruirán las bases materiales que perpetúan la opresión nacional y Catalunya podrá ser lo que decidan libremente los catalanes.

¿Qué les dirías a aquellos que quieren votar el 1-O para debilitar al Estado?

Desde el respeto que tengo por compartir unos mismos objetivos les digo que se equivocan. El Estado no se está tambaleando. El Estado se siente cómodo y fuerte. El Estado se siente seguro de tener todos los resortes bajo su control. Si bien el ir a votar crea una subjetiva percepción de confrontación con el Estado, esta se va a convertir en frustración cuando esta vía llegue a un punto muerto. 

La única clase social que se está debilitando en este proceso es la clase obrera. Mientras luchamos bajo bandera ajena, ya sea bajo el españolismo o bajo el independentismo, el capitalismo ha logrado salir de su crisis basándose en una mayor explotación de nuestra clase. Los comunistas no podemos avalar un dilema que se basa en si llevar a la Guardia Civil o los Mossos a reprimir a los trabajadores de Eulen del Prat.

¿Se está debilitando el Régimen del 78?

Lo que está habiendo es una reconfiguración planificada del Régimen del 78. Como toda reconfiguración, lo viejo está muriendo para dejar paso a algo nuevo. Pero no será una reconfiguración en base a unas posiciones de fortaleza de la clase obrera ni de los nacionalismos periféricos, será en base a una posición de increíble fuerza por parte de la oligarquía dominante.

Pasada la crisis económica y cuando haya sido derrotado el independentismo catalán, se acabarán de hilar unos nuevos consensos. El Régimen del 78 mutará, pero para dejar paso a algo mucho más bárbaro y represivo. 

¿Qué solución propone el PCPE?

Los comunistas editamos hace unos días un documento público, colgado en nuestra página web, con nuestros análisis y propuestas. Nosotros proponemos:

Primero, la clase obrera debe emprender su propio camino independiente. Levantar las luchas obreras, fortalecer el sindicalismo y el partido de la clase obrera son condiciones indispensables para defender nuestros intereses y evitar verse atrapados en luchas ajenas.

Segundo, una lucha unida de todos los explotados contra la burguesía y el Estado capitalista. A luchar contra todas las incitaciones y prejuicios que busquen dividir a la clase obrera en función de su procedencia, raza o nacionalidad.

Tercero, defender el derecho a la autodeterminación como algo inalienable del pueblo catalán. Catalunya debe poder ser lo que decidan los catalanes.

Cuarto, llamamos a dejar de luchar bajo banderas ajenas tanto del Estado español como de la Generalitat. Solamente derrotando a la clase burguesa que hoy ostenta el poder se podrá construir un país para la clase obrera donde el derecho a la autodeterminación sea una realidad.

Quinto, a seguir condenado cualquier acto represivo que lleve a cabo el Estado. Estamos viendo con preocupación cómo esta represión está siendo jaleada y aplaudida por amplias masas fuera de Catalunya. Debemos luchar contra ello con firmeza, valentía y solidaridad de clase.

Barcelona, 24 de septiembre de 2017