Reflexiones del Secretario General del Partido Comunista (Italia)

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Hace más de treinta años yo estaba en Montjuic, en Barcelona, corría el año ​​1986. Era un joven miembro de la dirección provincial del PCI en Turín, encuadrado en la corriente “pro-soviética” de Armando Cossutta.

Fuimos para montar un stand de Interstampa (revista que luchaba contra el eurocomunismo) en la Fiesta de Avant, el periódico del PCC, el Partido de los Comunistas de Cataluña, que estaba vinculado con el naciente PCPE, que desde 1984 se había desprendido el PCE eurocomunista de Carrillo e Iglesias.

Sucedió que en el avión me encontré con Piero Fassino, el futuro secretario del PDS, posteriormente Ministro y Alcalde de Turín, por entonces secretario de la Federación de Turín del PCI que llevaba mal nuestra actividad de solidaridad internacionalista. Él también se dirigía a Barcelona, ​​pero a otra fiesta: la del PSUC, el Partido Socialista Unificado de Cataluña, adscrito al PCE carrillista.

Reprobó mi presencia en la ciudad catalana y fue “amablemente” enviado a ese país (se entiende que otras veces, no sólo en ese momento). Me encontré con docenas de camaradas como Juan Ramos Camarero (Primer Secretario del PCC y luego del PCPE), Marià Pere Lizándara (Secretario del PCC), Ignacio Gallego (también Secretario del PCPE, que luego regresó al PCE), Joan Tafalla (Director de Avant), Arturo Obach y muchos otros.
En aquella gran fiesta comunista hice mi primer discurso en mi dudoso “español” (que todavía hoy no ha mejorado en absoluto) delante de una gran multitud de comunistas, así como los embajadores de los países socialistas. El PCC y el PCPE eran entonces reconocidos por la URSS (aunque poco tiempo después el traidor Gorbachov rompió todas las relaciones con los marxistas-leninistas de España, Italia y en todas partes).

Siempre me ha gustado España, su historia, desde la Guerra Civil hasta la actualidad. Si me preguntas dónde vivir, después de Italia, elegiría sin dudarlo España, desde Andalucía hasta Galicia, de Barcelona a Madrid, para llegar hasta Euskadi… Tal vez es por eso que he estado siguiendo con gran atención la historia de comunistas españoles y en especial la de nuestro partido hermano, el PCPE.

No voy a insistir en las memorias, sino que voy a hablar del último Congreso, el Décimo, que se celebró el año pasado en Madrid, del que fui huésped de honor. En mi vida política he participado en decenas de congresos. Por necesidad (de coherencia con el ideal comunista) me he visto obligado a ser actor y promotor de reconstrucciones y fracturas, y por tanto puedo considerarme y modesto experto en “meteorología congresual”… 
Bueno, en ese congreso, además de una presencia mayoritaria de intervenciones en la estela de una clara línea marxista-leninista, tuve la clara sensación de estar de nuevo frente a las formas eclécticas del eurocomunismo que bien habíamos conocido en estos años de lucha ideológica y política contra el revisionismo y el oportunismo, y que esas formas llegasen a ser amparadas por importantes dirigentes como Carmelo Suárez o Julio Díaz. 

Considero que siempre es necesaria la lucha ideológica y política dentro de un PARTIDO COMUNISTA, con el fin de no dejar lugar a procesos de revisión y oportunismo. Siempre lo digo en Italia, pero también quiero decir a los hermanos camaradas del PCPE y de todos los demás Partidos Comunistas: el punto central de nuestra lucha es y debe seguir siendo el conflicto entre el capital y el trabajo; cualquier otra “distracción” no hace más que retrasar la toma del poder político por el proletariado (que hoy es la gran mayoría del pueblo).
Pensar que podría haber una “supremacía” de los llamados derechos civiles sobre los sociales sería “ir en contra” del el reloj de la Historia. Anteponer los importantes logros burgueses para los derechos individuales de la Revolución Francesa a los de importancia estratégica para los derechos sociales de la Revolución Soviética es y sería un error fatal para aquellos que quieren definirse como comunistas hoy.

Sigo recordando la “superioridad” de la presencia del Partido Comunista respecto a los movimientos, a todos los movimientos. Los movimientos van y vienen, ¡pero el Partido continúa existiendo! Por último, un dato histórico e ideológico que considero una “prueba” de lealtad a los ideales bolcheviques: la cuestión de Stalin. Desconfía de los que denigran o simplemente olvidan la figura del continuador de la obra de Lenin, de quien supo construir el Socialismo en la URSS y derrotar al monstruo nazi. Desde que se fundó nuestro Partido en Italia, el carnet de militante tiene las efigies de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Si esa imagen se retira, sería una clara señal de derrota. No fracasó el socialismo, fracasó su revisión, desde Jruschov a Gorbachov. Creo que estas sencillas consideraciones mías son las que están en la base de las decisiones obligadas de la gran mayoría de los militantes.

Marco Rizzo, Secretario General del Partito Comunista (Italia).