Este verano, ¡organízate contra la explotación!

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Nuestros trabajos, con plenos derechos.

Nuestros barrios, para la clase obrera.

El verano, lejos de lo que pueda parecer, es uno de los períodos más duros para la clase obrera y el pueblo trabajador, porque es el período en que se multiplican los contratos basura y el trabajo precario que nos venden como reducción del paro.

El 92% de los contratos firmados en mayo 2017 para esta campaña de verano son temporales. En hostelería, el 40% de los contratos temporales, y de ellos, el 42% es a tiempo parcial. 

El sector turístico, las rebajas o la cobertura de vacaciones ayudan a que muchos trabajadores y trabajadoras, fundamentalmente jóvenes, salgan del paro durante unas semanas (la mitad del empleo creado en 2016 fue en comercio y hostelería, ocupando a uno de cada tres trabajadores en España), pero en unas condiciones de trabajo que son, generalmente, lamentables.

De entre todos los sectores afectados, las condiciones laborales, y de vida, de las plantillas son particularmente malas en la hostelería y en el comercio. En la industria también se detecta una gran estacionalidad que va ligada, fundamentalmente, a la entrada de nuevo personal a través de empresas de trabajo temporal con contratos de semanas y hasta de días de duración.

A la precariedad característica de estos  sectores se han sumado las consecuencias de las sucesivas contrarreformas laborales, que garantizan total flexibilidad y libertad para el empresario mientras condenan al trabajador a salarios más bajos (en hostelería un 40% inferior al salario medio en España), jornadas laborales más largas, mayor temporalidad, trabajo sin descanso en domingos y festivos, horas extras no pagadas, aumento de las bajas por accidente laboral, trabajos sin contrato ni cotización… 

Si las condiciones de trabajo más duras ya están presentes en los establecimientos donde se aplican los convenios de hostelería y comercio, se agravan más aún allí donde la liquidación en marcha de la negociación colectiva ha propiciado incumplimientos y descuelgues. Ahora mismo hay 700.000 trabajadores del sector de hostelería sin convenio. La contratación a tiempo parcial, o por obra o servicio, hace posible en todo momento el despido libre y prácticamente gratuito del trabajador.

Las condiciones laborales de la hostelería son fruto de la ventaja con que cuentan los empresarios en un sector cuya estructura laboral se caracteriza por centros de trabajo pequeños, con muy pocos trabajadores, con alta rotación de personal y, muchas veces, con el propio patrón o sus familiares presentes a diario. Todo esto dificulta mantener cualquier organización estable de los trabajadores y trabajadoras, lo que trae como consecuencia que las luchas sean puntuales y poco organizadas.

Por otra parte, los 240.000 trabajadores del sector de Grandes Almacenes han pasado cuatro años con sus salarios congelados, desde 2013 a 2016. Sin embargo, solo en 2016, El Corte Inglés aumentó sus beneficios un 34%, Carrefour un 36%, Ikea un 46%, y Leroy Merlin un 8%. La reciente firma del nuevo convenio del sector no ha conseguido más que un 2’5% de aumento salarial, quedándose lejos de compensar la congelación mantenida desde 2013. La liberalización de horarios comerciales —que llega a ser total en comunidades como Madrid— genera una máxima precariedad, dificultando sobre manera la conciliación de la vida familiar y laboral. Un trabajador de grandes almacenes puede llegar a trabajar 23 domingos o festivos al año: descontando el periodo de vacaciones, resulta 2 domingos por mes, pudiendo llegar a ser más. En el caso de los contratos temporales de verano, se llega al caso de no librar ningún fin de semana ni día festivo.

Urge la inmediata organización de los trabajadores y trabajadoras de estos sectores. Si la situación es tan precaria es porque los empresarios de la hostelería y el comercio no se han encontrado con una oposición organizada capaz de hacerles frente. La crisis económica, la elevada tasa de paro y las últimas medidas antiobreras aprobadas dejan claro que este sistema no tiene ninguna intención de ofrecer alternativas laborales de calidad para los trabajadores y trabajadoras que, mientras estemos condenados a subsistir saltando de uno a otro de estos trabajos temporales o estacionales, no veremos mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo. Únicamente la organización y la lucha, pasar a la ofensiva, mejorará nuestras condiciones.

Por ello, desde el PCPE y los CJC llamamos a la organización de todos/as los/as trabajadores/as sometidas a la sobreexplotación del trabajo estacional, poniendo nuestra organización al servicio de la recuperación de derechos perdidos y la conquista de nuevos derechos, pero no sólo laborales, sino también sociales. Debemos evitar que nuestras luchas queden aisladas, atomizadas, porque así terminan por desvanecerse. La lucha por mejorar las condiciones de vida y trabajo en sectores como la hostelería y el comercio es la lucha del conjunto de la clase obrera, del conjunto de los trabajadores y trabajadoras, que se ven sometidos, en todos los sectores, a niveles cada vez más altos de explotación y precarización. 

La fragmentación del movimiento sindical, así como la ausencia de un sindicalismo fuerte y combativo a nivel estatal, que dé respuesta a las necesidades de lucha del movimiento obrero actual, está contribuyendo a la destrucción de nuestros derechos, y lo que es peor, al desvanecimiento de la conciencia entre la clase obrera y el conjunto del pueblo trabajador de la necesidad de organizarse y luchar. 

NUESTROS BARRIOS, PARA LA CLASE OBRERA

Mientras la integración europea bajo parámetros capitalistas destruye y desmantela sectores productivos tanto en la industria como en el agro y desertiza comarcas enteras, la terciarización y el auge veraniego del negocio turístico arrasan con las condiciones de trabajo de la juventud obrera pero también con las condiciones de vida de todo el pueblo trabajador.

El pequeño comercio familiar y barrial, arrasado desde hace décadas por las grandes cadenas y superficies monopolísticas es sustituído por  negocios gourmetizados sólo accesibles al turismo de élite, tiendas de lujo y establecimientos especializados en complacer al turista rico. La proliferación de apartamentos para uso turístico dispara astronómicamente el precio de la vivienda, entendida como un “nicho” de beneficio privado y no como una necesidad social básica, transformando los barrios populares en zonas “gentrificadas” para disfrute de unos pocos, expulsando a  las familias obreras y destruyendo el modo de vida de sus barrios y núcleos rurales.

La turistificación de la economía española está estrechamente ligada al desmantelamiento de los sectores productivos agrícola, ganadero, pesquero, extractivo e industrial, resultados de la integración de nuestro país en la Unión Europea y de la subordinación de las necesidades sociales al objetivo del máximo beneficio para las grandes empresas.

Se hace urgente que avance la organización del conjunto de la clase obrera y de todos los trabajadores y trabajadoras por la salida de la UE, por el derrocamiento del capitalismo, por una economía planificada que tenga en su centro las necesidades sociales y no la ganancia privada de los monopolios.

Por un país para la clase obrera.

26 de junio, 2017.

Secretariado Político del PCPE.