Dos años de “gobiernos del cambio”, dos años de falsas ilusiones

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El pasado 27 de mayo se cumplieron dos años de la llegada a varios gobiernos municipales de la nueva socialdemocracia, representada por Podemos y por las diferentes alianzas que esta fuerza política estableció para concurrir a las Elecciones Municipales de mayo de 2015. Trascurridos dos años desde que se constituyesen los denominados Gobiernos del cambio, la clase obrera y las capas populares cuentan con experiencias suficientes para alcanzar sus propias conclusiones sobre el papel de la nueva socialdemocracia.

La retórica del municipalismo y de la remunicipalización

Las fuerzas integrantes de la nueva socialdemocracia sembraron la falsa ilusión de que, a través de otro tipo de gestión municipal, era posible cambiar las condiciones de vida del pueblo en importantes ciudades como Madrid, A Coruña, Santiago, Oviedo, Cádiz, Zaragoza, Valencia o Barcelona. Con ese objetivo, plantearon una serie de alianzas municipales basadas, fundamentalmente, en acuerdos con el PSOE, haciendo tabla rasa de las importantes responsabilidades de ese partido capitalista, para actualizar el viejo concepto de la unidad de la izquierda frente al Partido Popular.

Sobre esa base política se constituyeron los Gobiernos del cambio, que trasladaban al plano municipal el principal debate político que atraviesa el capitalismo español: optar por un modelo de gestión socialdemócrata o por uno liberal. Para justificar su apuesta por una gestión municipal socialdemócrata, se articuló un discurso político e ideológico sumamente engañoso sobre la remunicipalización de distintos servicios públicos, privatizados previamente tanto por el PSOE como por el PP, y sobre las supuestas posibilidades de alterar sustancialmente las condiciones de las mayorías obreras y populares desde los Ayuntamientos.

Las denominadas fuerzas del cambio hicieron suyo un renovado discurso sobre lo positivo del municipalismo, separando artificial y engañosamente a la administración local del conjunto del Estado capitalista, del que los Ayuntamientos forman parte con un cometido bien preciso dirigido a perpetuar la explotación capitalista y a gestionar las competencias municipales en favor de los capitalistas. Ocultaron que la cuestión principal, sea en el ámbito local, en el provincial, en el autonómico o en el estatal, no es quién gestiona los intereses de los capitalistas, sino qué clase está en el poder.

De ahí, que la gran propuesta de gestión con la que trataron de diferenciarse de las prácticas del PSOE se basase en la remunicipalización de servicios públicos previamente privatizados. Con esa propuesta, situada aparentemente a la izquierda de la gestión liberal practicada por el PSOE, atraparon temporalmente a sectores obreros y populares en un callejón sin salida, canalizando las luchas y los esfuerzos militantes bajo el señuelo de una falsa ilusión.

Han bastado dos años para que la realidad se imponga a esas falsas ilusiones. Los Gobiernos del cambio han chocado de plano con el carácter de clase del Estado –y de los Ayuntamientos, por tanto-, perdiéndose en un laberinto legal que puede conducir, en algunos casos, a tener que indemnizar con cuantiosos recurso públicos a algunos monopolios; generando todo tipo de problemas con las plantillas afectadas; o directamente a incumplir sus promesas, como ha sucedido en Madrid, donde el Gobierno Municipal instó un nuevo concurso ofreciendo de nuevo el servicio de limpieza a la gestión privada.

¿Qué ha cambiado para la clase obrera y el pueblo?

Los Gobiernos del cambio, más allá de algunas medidas exclusivamente simbólicas, en uno u otro sentido (desde acudir en bicicleta al Ayuntamiento de Valencia o conceder la medalla de oro de Cádiz a la Virgen del Rosario), ni han cambiado las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras ni pueden hacerlo. Lo que han hecho, en realidad, es tratar de canalizar las justas luchas populares al dique seco del municipalismo, de la institucionalidad burguesa. Al mismo tiempo que se ofrecen como eficaces gestores a las clases dominantes, exhibiendo el importante recorte de la deuda municipal que han conseguido en algunos Ayuntamientos como los de Cádiz, Oviedo o Madrid.

El alivio limitado y temporal que para algunos sectores sociales puedan suponer ciertas medidas socialdemócratas, en ningún caso justifica el engaño masivo al pueblo llevado a cabo por las fuerzas del cambio en los Ayuntamientos, mientras sigue creciendo la brecha en la distribución de la riqueza, de forma que los ricos cada día son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Baste señalar cómo en Madrid un 28% de las familias se encuentra en riesgo de pobreza, siendo la ciudad europea con una mayor brecha entre ricos y pobres; o el caso de Cádiz, donde una de cada cuatro personas se encuentra en situación de exclusión social (24%).

La única salida es la organización y la lucha contra el capitalismo

La nueva socialdemocracia genera la falsa esperanza de que es posible solucionar los problemas obreros y populares cambiando la gestión en las instituciones capitalistas, especialmente en los Ayuntamientos. Ocultan que no hay salida para la clase obrera en el capitalismo, que no hay solución estable para los problemas populares en el marco de un sistema político basado en la explotación. Por mucho que se trate de decorar su fachada, el sistema capitalista nunca dejará de ser un edificio en ruinas para la clase obrera y los sectores populares, un edificio que nunca será suyo y en el que las grandes mayorías no encontrarán jamás cobijo; obteniendo, como mucho, una propina a la puerta del edificio consistorial.

La única solución pasa por organizar nuestra lucha con el objetivo de demoler el edificio capitalista, de reapropiarnos de las riquezas que la clase obrera produce y de levantar nuestro propio sistema político; de construir un nuevo edificio pensado para satisfacer las necesidades populares y en el que su administración dependa únicamente de la clase obrera y del pueblo.

Abramos una nueva etapa de lucha a la ofensiva

La clase obrera no debe depositar ninguna confianza en la nueva socialdemocracia. Sus propuestas se dirigen a atraparnos en falsos dilemas, manteniendo en pie y modernizando el sistema político capitalista. Tras más de dos años de gestión en los autoproclamados Gobiernos del cambio, el único logro de la nueva socialdemocracia consiste en haber desactivado en gran parte la lucha social con falsas promesas, con falsas ilusiones.

Es necesario abrir nuevo ciclo de lucha a la ofensiva que vincule la defensa de derechos populares a la superación del sistema capitalista. Sólo con una amplia movilización podremos detener las políticas antiobreras y conquistar nuevos derechos. Sólo con la derrota del capitalismo podremos construir una sociedad en que la satisfacción de las necesidades obreras y populares esté garantizada.

¡Ninguna confianza en la socialdemocracia! ¡Pasemos a la ofensiva!

Secretariado Político del PCPE.

4 de junio, 2017.