Menos desempleo sí, pero menos futuro también

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En los últimos días se ha publicado la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2017. En ella se observa que los jóvenes desempleados menores de 25 años han descendido un 3,5% con respecto al anterior trimestre, situándose actualmente en 591.800. Si aumentamos el rango de edad a los 35 años, nos situamos con más de un millón y medio de jóvenes en situación de desempleo.

La tasa de paro de la juventud se sitúa por encima del 40%, mientras este mismo dato dentro de la población es del 18,75%. En este dato se puede ver cómo somos los jóvenes quienes sufrimos en mayor medida esta enfermedad incurable del sistema en el que vivimos.

A su vez, es apreciable una diferencia entre las distintas regiones de España. En Ceuta, Melilla y Andalucía la tasa de paro es superior al 50%, mientras se observa cómo en el País Vasco y la Rioja se mantiene por debajo del 30%. Es especialmente alarmante la pérdida de ocupación en algunos territorios como Murcia o Navarra (con bajadas superiores al 15%).

Con respecto al tipo de contratación, el 73% de los contratos a menores de 25 años son de carácter temporal, lo que supone que las primeras experiencias en el mundo laboral suelen ser con este tipo de contratación. Es especialmente preocupante el paulatino aumento de estos contratos en las últimas encuestas, así como la incisión que tienen estos entre las mujeres jóvenes (con más de 651 900 contratos de mujeres jóvenes frente a los 382 300 de hombres en esa misma franja de edad).

Estos datos son fruto de las políticas que el Gobierno realiza para “luchar” contra el desempleo; unas medidas que nos arrastran cada vez más a la precariedad en forma de temporalidad y contratos de formación y prácticas, como se apuesta en su plan estrella: el Plan de Garantía Juvenil. Sus políticas solo miran hacia el beneficio cada vez mayor de las grandes empresas. Esto no es un problema coyuntural, ni de la mala gestión del PP. Esto es el propio ser del capitalismo; y mediante la contratación temporal impiden nuestra emancipación y la certeza de poder desarrollar un proyecto estable de vida, manteniéndonos en un constante estado de incertidumbre con respecto a nuestro futuro laboral y vital.

Ante esta situación, se puede observar cómo el capitalismo no puede ofrecer un futuro digno a la juventud trabajadora, debido precisamente a la necesidad que este sistema tiene de aumentar constantemente la explotación, empeorando las condiciones de vida y de trabajo de los jóvenes. Y, por ello, ante esta situación sólo nos queda una alternativa a los y las jóvenes: ¡situarnos a la ofensiva y combatir todas estas políticas que nos condenan al paro y a la precariedad! Únicamente mediante la organización dentro de nuestros centros de trabajo, en nuestros barrios y mediante el fortalecimiento de los sindicatos podremos defender nuestros empleos y las condiciones dignas que queremos en ellos. Sólo mediante este contraataque podremos luchar por una sociedad libre de explotación en la cual la juventud tenga realmente un futuro.

12 de junio de 2017.

Comisión Política de los CJC.